«¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Lc 5,38)
Al escuchar los discursos inaugurales del presidente Rodrigo Paz y del vicepresidente Edmand Lara, se desvanecieron todos mis temores y preocupaciones sobre los nuevos conductores del país. Aunque no soy boliviano, ¡me hicieron sentir orgulloso de Bolivia! Por haber compartido algunas expresiones indignas durante las campañas electorales, pido perdón.
Considerando que nuestro nuevo presidente proviene de Tarija, tierra de los buenos vinos bolivianos, y que nuestro nuevo vicepresidente habló de su uniforme —no solo de policía, sino de vestirse de Bolivia misma—, me vienen a la mente los dos ejemplos con los que Jesús quiso explicar su propia intervención en bien de toda la humanidad:
«Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado de este no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Lc 5,37-38; ver también Mt 9,16-17 y Mc 2,21-22).
Jesús quiso decir que no vino al mundo para hacer parches frente a los males que sufrimos. Si hubiera hecho una revolución para tumbar a Poncio Pilato, como el Mesías que muchos esperaban, habría sido solo cuestión de tiempo para que el nuevo reino degenerara nuevamente en una tiranía.
Contemplemos la historia de América Latina y de Bolivia. Hemos tenido dictaduras militares de derecha que traficaban con droga. Pero el narcotráfico también ha penetrado las dictaduras socialistas de izquierda. Por eso, cuando el discurso es derecha versus izquierda, al fin de cuentas no es más que tomar vinagre en vez de buen vino, y vestirse con trapos remendados con parches que se rompen bajo la corrupción ya instalada. Lo hemos vivido a fondo.
Entonces, como los discursos inaugurales han insistido, necesitamos un pacto nuevo, uniformes nuevos y vinos nuevos en pellejos nuevos para una Bolivia renovada.
Implícito en el discurso —al escuchar la palabra “federalismo” y la frase “capitalismo para todos”— está el concepto de “constituyente”, porque la actual Constitución, con sus 411 artículos y su aprobación irregular, no puede contener este vino nuevo ni vestirse con este nuevo uniforme. Se revienta.
«Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: “El añejo es mejor”» (Lc 5,39).
Por eso el amargado cocalero sigue escondido en el Chapare, hablando de su fracasado Estado Plurinacional, en realidad pluri-disfuncional.
«Al ver el signo que Jesús acababa de hacer —alimentando a la multitud con unos panes y peces—, la gente decía: “Este es verdaderamente el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de Él para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña, Él solo» (Jn 6,14-15).
Jesús no quiso ser rey.
Lo que Jesús hizo para restaurar el Reino de Dios, quitando el pecado del mundo, no fue un parche. En la Última Cena dijo que era una Alianza Nueva y Eterna. El día de su Resurrección, vestido con gloria celestial, nos ofreció la paz para siempre.
Lo que Paz y Lara ofrecen para Bolivia tampoco es un parche.
¡Vino nuevo en odres nuevos!
¡Viva mi nueva patria, Bolivia!
¡Dios te bendiga!