Editorial

La caída de un mito

Esperemos que con esta noticia, con la captura de Felipe Cáceres, el “zar antidrogas” de Evo Morales, se derrumbe de una vez por todas el mito de la “coca milenaria”...

Editorial | | 2025-09-27 01:20:00

Esperemos que con esta noticia, con la captura de Felipe Cáceres, el “zar antidrogas” de Evo Morales, se derrumbe de una vez por todas el mito de la “coca milenaria”, del “productor ancestral” y de que Bolivia no es un narcoestado. Lo ocurrido en el Chapare, en el corazón del bastión de Evo, desnuda una realidad que durante años se quiso maquillar: el país se convirtió en refugio de carteles y epicentro de la producción de cocaína en la región.

Cáceres no era un funcionario menor. Estuvo al mando de la lucha antidroga durante casi 14 años, los mismos que Morales gobernó el país. Nadie permanece tanto tiempo en un cargo estratégico si no cuenta con la plena confianza del presidente. Nadie opera en el Chapare sin que Evo lo sepa. Lo han dicho ex voceros y dirigentes: en esa región no vuela una mosca sin autorización de Morales.

El dato es escalofriante: el laboratorio hallado en tierras de Cáceres producía 160 kilos de cocaína al día. Una factoría industrial con insumos, maquinaria y logística que no se arma en secreto ni mucho menos a espaldas del poder local. La excusa de que era un montaje, como intenta instalar Morales, se derrumba frente a las evidencias: químicos, precursores y testimonios que confirman que el lugar estaba en plena operación hasta dos días antes del operativo.

Este no es un caso aislado. Cáceres es el cuarto jefe antidrogas del entorno de Evo vinculado al narcotráfico. La lista es larga y muestra un patrón: quienes supuestamente debían combatir el negocio estaban, en realidad, al servicio de él. La expulsión de la DEA en 2008 ya no se entiende como un acto de “soberanía”, sino como la condición necesaria para que Bolivia se consolidara como plataforma del narcotráfico.

El Chapare se convirtió en un “Estado dentro del Estado”, con sus propias reglas, sus guardias y su control territorial. Ahí no manda la Policía ni la justicia; mandan las federaciones cocaleras. Ese enclave protegido fue el hábitat perfecto para que floreciera un narco-régimen que hoy queda al desnudo con la caída de Cáceres.

Conviene subrayar que si el gobierno de Luis Arce permitió la captura de Cáceres no fue porque de pronto se volviera enemigo del narcotráfico. Se trata de una jugada política de último momento: un intento desesperado por lavarse la cara a pocas semanas de dejar el poder. Ni Arce ni Morales pueden presentarse como ajenos a esta maquinaria. Ambos han sido cómplices y protectores de un modelo que permitió que personajes como Cáceres operaran con total tranquilidad, al igual que capos extranjeros que hicieron de Bolivia su santuario. Y cuando el candidato a presidente Rodrigo Paz se presenta tan ambiguo cuando le hablan de narcotráfico, es de presumir que, en caso de llegar al gobierno, habrá una continuidad en esta política.

La captura del ex zar antidrogas es la caída de un mito: Bolivia no es un país de “coca ancestral”, sino un narcoestado donde las estructuras del poder político y sindical están profundamente comprometidas. Negarlo sería seguir encubriendo lo inocultable.

La captura del ex zar antidrogas es la caída de un mito: Bolivia no es un país de “coca ancestral”, sino un narcoestado donde las estructuras del poder político y sindical están profundamente comprometidas. Negarlo sería seguir encubriendo lo inocultable.