Señor director:
Me sorprende que un medio de la trayectoria y prestigio de El Día publicara un editorial tan alejado de la verdad como el del 11 de septiembre. Desde luego, me sorprende ser merecedor de nada menos que un editorial dedicado al análisis de mi persona.
Quizá la juventud de su editorialista le haya impedido estar al corriente de la vida política de Bolivia y la mía en particular, anterior al MAS.
Luego de representar a ADN en 2002, me retiré de la política activa y me trasladé a Washington como funcionario del Banco Mundial y profesor visitante en Harvard. Retorné a Bolivia solo cuando Evo Morales huyó en 2019, y acepté la invitación de la familia Camacho para apoyar pro bono a Luis Fernando Camacho, a cuya campaña hice una importante contribución.
Mi apoyo a Camacho lo fundamenté en un artículo titulado "Por qué elegir a Luis Fernando Camacho" (26.12.2019) arguyendo precisamente lo opuesto al análisis expuesto en su editorial.
No apoyé a Carlos Mesa, candidato paceño a la presidencia. Entonces, nada más alejado de la realidad que mi supuesta “defensa a ultranza del status quo andinocentrista y centralista”.
Me enorgullezco de mi adhesión a la descentralización hecha ley de Participación Popular (1994), adoptada durante mi gestión de alcalde, pese a la oposición de dirigentes de mi partido; y de mi participación en el programa de estabilización y ajuste estructural que dio lugar al D.S. 21060 en 1985.
Que una nota editorial sostenga semejante absurdo es inexplicable porque ignora no solo la historia de Bolivia, sino la mía personal.
Soy hijo de cochabambino y antofagastina, cuya familia adoptó Santa Cruz hace 65 años, impulsando la primera empresa agrícola algodonera de Bolivia. Allí fallecieron y están sepultados mis padres.
La Paz, por su parte, ha sufrido como ninguna otra ciudad el desgobierno del MAS, los bloqueos, huelgas y revueltas que han debilitado su tejido social, su economía y su cultura. Precisamente en Santa Cruz se ha refugiado gran parte de la élite empresarial y cultural paceña, convertida en ferviente defensora del progreso cruceño.
¿Dónde queda entonces esa absurda teoría conspirativa del “andino-centrismo centralista, conservador del status quo”?
Lo mínimo que puede exigirse a un editorial de El Día es rigor histórico y político, para no incurrir en afirmaciones que carecen de sustento y confunden a la opinión pública.
Lo saluda atentamente,