Enfoque Internacional

Cisnes negros en Bolivia

Enfoque Internacional | José Orlando Peralta - Latinoamérica21 | 2025-09-12 06:50:52

Dos cisnes negros aparecieron el 17 de agosto en Bolivia: Rodrigo Paz, candidato presidencial, y Edmand Lara, ex capitán de policía y aspirante a la vicepresidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Su irrupción resultó impredecible y desplazó a los favoritos de las encuestas, Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga.

Hasta entonces, los analistas manejaban tres escenarios de segunda vuelta: Doria Medina contra Quiroga, uno de ellos frente a Andrónico Rodríguez —heredero político de Evo Morales—, o un choque clásico izquierda-derecha. Nada de eso ocurrió. Los votantes ocultos, cansados del MAS y sus líderes, impusieron un cuarto escenario: Rodrigo Paz contra Jorge Quiroga, dos adversarios capaces de dialogar sin declararse enemigos.

Este giro implicó un salto inesperado de Paz, quien superó a Quiroga, Doria Medina y a las encuestas. El 17 de agosto no fue un domingo cualquiera: sorprendió a la izquierda huérfana de partido, pero golpeó a la derecha, dividida entre sus líderes. Las alianzas supuestamente más sólidas —Libre y Unidad— quedaron desconcertadas. Fue un salto con garrocha de Paz y Lara, que se llevaron la medalla de oro en primera vuelta.

Según grupos de opinadores, ese triunfo debía ser de Doria Medina; otros lo proyectaban para Quiroga. El primero ni siquiera alcanzó el bronce: quedó tercero, por debajo incluso de los votos nulos, incentivados por Evo Morales como señal de rechazo. Estos superaron el millón, casi un 20%, cifra mayor a la alcanzada por Doria Medina. En resumen, las encuestas fallaron, Evo apostó al voto nulo, Paz dio el salto y Lara irrumpió con un discurso radical y populista.

Edmand Lara, con formación doctrinaria policial, se presentó con un mensaje antiderecha que caló en sectores populares e indígenas del occidente, los mismos que antes respaldaban a Evo y Arce. Su aparición parece accidental para los viejos dirigentes del MAS, pero resultó decisiva para mantener viva una representación nacional-popular en el poder.

Rodrigo Paz, en cambio, se ubica en la centroizquierda, con narrativa patriótica y de unidad nacional. Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), fue quizás el único candidato que recorrió más de 200 municipios en cuatro años. Lara, desde el extremo izquierdo, conectó con los sectores populares indígenas gracias a su estilo directo y presencia en TikTok, donde combina baile y condenas ideológicas. Uno trabajó en territorio; el otro, en redes sociales: juntos, complementaron la fórmula.

La conexión de Lara con las bases populares lo hace único frente a Paz, Quiroga y Juan Pablo Velasco (compañero de fórmula de Quiroga). Encarnó el factor sociocultural que había sido clave en la hegemonía del MAS desde 2006. Por eso la dupla Paz-Lara dominó en el occidente, donde antes Evo arrasaba. Esa singularidad muchos la atribuían a Andrónico Rodríguez, pero el joven cocalero, pese a ser “hijo político” de Evo, rompió con él y con Arce, cayendo a menos del 9%. Lo que Andrónico no logró, Lara lo encarnó con naturalidad.

En síntesis, Paz y Lara eran improbables hasta el 17 de agosto, pero su triunfo definirá la agenda rumbo al 19 de octubre, fecha de la segunda vuelta. Hasta entonces, la atención se centraba en Quiroga, Doria Medina y Andrónico. Nadie miró en serio al hijo de un expresidente ni al excapitán de policía. El resultado tomó por sorpresa a analistas y opinadores, incapaces de anticipar lo imposible.

Sin embargo, ser “cisnes negros” no implica tener soluciones mágicas ni legitimidad plena. Bolivia enfrenta una crisis económica que exige expertos, narrativas claras y acuerdos parlamentarios. La Asamblea estará conformada por cinco fuerzas sin mayoría absoluta, lo que complica la gobernabilidad. Alcanzar estabilidad en 2026 no está garantizado.

Bolivia, un país que a menudo desconcierta a sus propios habitantes, sigue sorprendiendo a vecinos y al mundo entero.