“Y se va la segundita”, gritan en las cuecas, y en Chile ya se siente esa música populista importada desde Bolivia. La segunda vuelta del populismo boliviano no la están bailando los electores, sino los ladrones. Apenas Rodrigo Paz prometió regularizar los autos “chutos”, en la ciudad chilena de Arica los robos se dispararon un 185%. Es la segundita de un virtual gobierno que arranca con efectos inmediatos: delincuencia incentivada, mercados negros revitalizados y vecinos chilenos pagando la fiesta ajena. Mientras en Bolivia se vende la idea de “inclusión” al legalizar autos robados, en Chile la realidad es otra: barrios enteros sitiados por bandas, denuncias que inundan redes sociales y una policía que admite no dar abasto. La Ruta A-31 se volvió autopista del delito y Arica el escenario donde se estrena la partitura del nuevo gobierno. El populismo siempre promete pan para todos, pero al final exporta problemas. La primera víctima de la música de Rodrigo Paz no es el contrabandista ni el político, sino el vecino chileno que descubre que su auto ya arrancó rumbo al reino del crimen.