Ojo Centinela

Damocles, testamento y mono con navajas

Damocles, testamento y mono con navajas
Roberto Méndez - Periodista | Periodista
| 2025-09-09 06:47:33

Estamos en tiempos de reflexión, de cara al 19 de octubre de 2025, fecha en la que los bolivianos elegiremos al Presidente y Vicepresidente entre dos fórmulas: la de Jorge Quiroga, de Alianza Libre, acompañado por Juan Pablo Velasco, que compite con Rodrigo Paz y el expolicía Edman Lara, del Partido Demócrata Cristiano. Pero en las líneas discursivas, las sombras de la espada de Damocles, el testamento bajo el brazo y el mono con navajas cada vez se visibilizan más y nos amenazan con esa práctica ejercida durante 20 años por el Movimiento al Socialismo. Se trata del terrorismo de Estado.

La “espada de Damocles” describe una amenaza constante y un peligro inminente, especialmente para quienes están en el poder. Proviene de un relato griego en el que un cortesano llamado Damocles, envidioso de la vida de opulencia del tirano Dionisio, fue invitado a un banquete y a sentarse en su trono. Cuando miró hacia arriba, justo sobre su cabeza pendía una espada sujeta por un solo pelo de caballo, simbolizando el peligro que acecha a los poderosos.

La historia es una alegoría sobre la naturaleza efímera del poder y la riqueza, y la fragilidad de la felicidad en posiciones de autoridad. La espada representa la amenaza constante de caer, ya sea por traiciones internas, enemigos externos o la propia inestabilidad del poder.

Y en Bolivia lo sabemos bien. En el curso de nuestros 200 años de historia, de 67 presidentes que hemos tenido, 38 han sido constitucionales, pero se registraron 36 golpes de Estado y varios terminaron trágicamente. Según relata Walter Zavala Ayllón, presidente de la Sociedad Geográfica e Historia de Potosí, un total de 12 presidentes murieron de forma violenta, a balazos, golpes o con puntas de espada, unos durante el mismo ejercicio de sus funciones y otros después de haber cesado en ellas, confirmando la frase de Nicolás Maquiavelo: “De los seres humanos, en general, se puede decir que son hipócritas o codiciosos”.

Porque hemos vivido con el Jesús en la boca. Como cuando el militar Luis Arce Gómez, ministro del Interior de Luis García Meza, declaró de manera funesta que “los bolivianos debemos andar con el testamento bajo el brazo”. Fue una amenaza directa a quien se opusiera a su gobierno entre 1980 y 1982, un periodo marcado por vulneraciones flagrantes a los derechos humanos y permisividad al narcotráfico.

“Cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él”, recomendaba Maquiavelo. Y George Santayana advertía: “Quienes no recuerdan su historia están condenados a repetirla”. Ambos resaltan la relevancia de la memoria histórica como fuente invaluable de lecciones que, si se comprenden y aplican adecuadamente, pueden prevenir la repetición de los mismos errores.

Por eso no estamos para tiempos de monos con navaja que quieran hacer dibujo libre y tumbar a su propia sangre en caso de llegar al poder, creyéndose “el Rey Sol”, como ocurrió en Francia en 1655, cuando Luis XIV afirmó: “El Estado soy yo”.

La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y elegir el mal menor. Y en ese contexto no deben caber los candidatos que amenazan hasta a su propio acompañante de fórmula, los que ofrecen bonos, casas de dos pisos a los pobres, créditos con tres años de gracia, o que alientan el crimen organizado nacionalizando autos chutos. Tampoco los que acusan de “prensa vendida” cuando son interpelados, actitudes propias de un guion de la película Locademia de policías, bajo la dirección del maestro de la manipulación, el “matemático” Álvaro García Linera, y del angurriento de poder Evo Morales.

Solo falta que hablen de “la revolución del comportamiento, que en realidad fue de narcovínculos”, y de ser capaces de “cruzar ríos de sangre”, en vez de proponer cómo podemos salir de este pozo económico en el que nos encontramos. Al menos deberían conocer el monto de nuestras deudas: cada boliviano al nacer debe 4 mil dólares de los 43 mil millones de saldo en contra.

Roberto Méndez - Periodista | Periodista
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