Editorial

Guerra en América Latina

Por qué Evo Morales, Gustavo Petro y Nicolás Maduro, junto con otros líderes de la región, salen casi al mismo tiempo a negar la existencia del Cartel de los Soles...

Editorial | | 2025-09-09 06:52:00

Por qué Evo Morales, Gustavo Petro y Nicolás Maduro, junto con otros líderes de la región, salen casi al mismo tiempo a negar la existencia del Cartel de los Soles. Afirman que es un invento de Estados Unidos, una ficción destinada a justificar la presencia militar norteamericana en el Caribe y Sudamérica. La coincidencia no es casual: la política y el narcotráfico ya no son esferas separadas, sino una sola estructura de poder. Para decirlo más claro, hablan así porque son empleados de los narcos y los capos los mandan a hablar.

En Venezuela, el Cartel de los Soles es la columna vertebral del estado. generales, ministros, jueces y diplomáticos protegen el negocio de la cocaína. Maduro puede aparecer como jefe de estado, pero en la práctica responde a un sistema criminal que utiliza a las Fuerzas Armadas, los puertos, las fronteras y hasta la diplomacia para proteger su negocio. Nunca antes un cartel alcanzó semejante nivel de control. Ni Escobar en Colombia, ni el cartel de Cali, ni Sinaloa en México lograron disponer de todo el andamiaje estatal para sostener una red criminal.

Colombia tampoco es ajena a este proceso. Mientras Petro insiste en su proyecto de “paz total”, las disidencias de las FARC, junto con clanes mafiosos, consolidan territorios y rutas de exportación. En Bolivia, Evo Morales mantiene el discurso de la “coca ancestral” mientras el país se convierte en una plataforma de producción y tránsito hacia mercados internacionales.

El cartel de los Soles representa un riesgo mayor que cualquier cartel anterior. No se trata únicamente de cocaína que llega a Miami o Nueva York, sino de la posibilidad de que surja un bloque regional de narcoestados capaces de desestabilizar gobiernos enteros. Ecuador estuvo a punto de ser tomado por las mafias. Bolivia sigue una ruta peligrosa. México es el engranaje indispensable que conecta la producción sudamericana con el consumo norteamericano. La amenaza es geopolítica, no sólo criminal.

Los líderes que hablan de “invasión” o “injerencia imperialista” no defienden la soberanía de sus países, sino la continuidad de un sistema que los sostiene. Su silencio frente al poder del narcotráfico contrasta con su rapidez para denunciar a Washington por el despliegue militar en el Caribe.

Estados Unidos no mueve portaaviones ni aviones de combate por simple capricho político. El Pentágono sabe que, si no frena a Venezuela, el contagio se extenderá. La seguridad de la región y la propia estabilidad de Estados Unidos están en juego. La cocaína es solo la cara visible de un fenómeno que incluye corrupción institucional, violencia descontrolada y debilitamiento progresivo de la democracia.

América Latina está ante una encrucijada histórica. O acepta que el narcotráfico gobierne bajo la fachada de repúblicas democráticas, o enfrenta la necesidad de frenar a los narcoestados, incluso si eso implica aceptar un papel más fuerte de Estados Unidos en la región. La idea de un “gobierno de la cocaína”, que en los años ochenta parecía un delirio, hoy se perfila como una amenaza real.

La guerra en América Latina no es entre derecha e izquierda ni entre Washington y Caracas. Es una guerra entre sociedades que intentan sobrevivir y organizaciones criminales que ya se apoderaron de países enteros. Negar esa realidad, como hacen Morales, Petro y Maduro, es simplemente alinearse con quienes han convertido a la cocaína en el verdadero poder de la región.