Tribuna

Bolivia votó cabreada... y ganó el que no estaba invitado

Bolivia votó cabreada... y ganó el que no estaba invitado
Alberto De Oliva Maya | Columnista
| 2025-08-20 07:04:24

¡Sorpresa! La democracia boliviana volvió a hacer de las suyas. Entre encuestas “científicas”, analistas reciclados y medios más parciales que un árbitro en final de barrio, el pueblo se cansó de todos y votó con el hígado. Resultado: ganó Rodrigo Paz, ese candidato que no estaba en el radar, ni en los memes, ni siquiera en la lista de invitados a algunos debates. Pero el pueblo lo puso en el primer lugar. ¡Aplausos de pie al instinto popular!

¿Por qué ganó Rodrigo? Porque mientras los demás se disputaban los sets de televisión, él caminaba en silencio. Porque no necesitó una franquicia de hamburguesas, ni una torre de cemento, ni el respaldo de logias, ni la bendición de los medios.

Y lo más irónico: lo dejaron fuera de debates como si no existiera… y terminó siendo el único que tuvo algo que decir. Imagínense la cara de los organizadores de debates hoy, viendo cómo su “panel de presidenciables” quedó tan desfasado como un VHS en la era del streaming.

Las encuestadoras: pitonisas con lentes empañados. Ah, las encuestadoras, esos oráculos modernos que, con márgenes de error más grandes que la deuda externa, se dedicaron a vendernos ficciones a medida del cliente. ¿Dónde estaba Rodrigo en sus gráficas? En ningún lado. Lo borraron. Lo ignoraron. Y hoy están haciendo fila para reimprimir credibilidad, si es que eso se imprime.

Los medios: la foto del momento... pero con Photoshop. Los canales, diarios y portales se dedicaron a inflar candidatos como globos de cumpleaños. Nos metieron por los ojos un “duelo final” entre el eterno liberal y el empresario socialista. ¿Rodrigo? Invisible. No pagó publicidad, no compró entrevistas, no se arrodilló ante el club de los opinadores… y aun así ganó. Una lección dolorosa para quienes creen que la opinión pública se alquila por pauta.

¡Oh, Bolivia! Ese país donde las encuestas predicen una cosa, los medios otra, y al final… el hastío ciudadano mete un gol de media cancha. Ganó Rodrigo Paz. Sí, ese Rodrigo que ni sus compañeros de bancada daban por favorito, ese que parecía estar de paseo y terminó siendo el único con brújula en medio de tanto GPS político descompuesto.

Tuto: el eterno semifinalista. Hizo todo lo que tenía que hacer… menos ganar. Su estrategia fue perfecta: callarse cuando debía hablar, hablar cuando ya nadie escuchaba y, como siempre, hacer gala de su inmaculada hoja de vida liberal, esperando que esta vez el país sí leyera el folleto. Lamentablemente, Bolivia no es un club de lectura.

Branko: el competidor que no compite. Él sí sabe ganar, pero no en las urnas. Gana en coherencia, en firmeza, en que no necesita disfrazarse de empresario ni de redentor. Pero claro, en un país donde ser claro es sospechoso, su éxito fue más simbólico que numérico. Ganó en Santa Cruz, derrotó al camachismo y se convirtió en el nuevo líder cruceño.

Samuel: el empresario que se disfrazó de socialdemócrata, olvidando que los bolivianos odian el disfraz y el doble discurso. El empresario más socialista de la historia.

Querido Samuel… El pueblo te creyó muchas cosas: que eras millonario, que eras serio, que eras distinto. Pero no te creyó que no eras político. Mucho menos cuando te sentaste en la mesa con Almaraz y abrazaste a la Internacional Socialista como si fuera tu club de vinos. Te disfrazaste tanto, que ni tu reflejo te reconocía. El pueblo ya no come hamburguesas ideológicas. Te fuiste sin pena ni gloria, pero con franquicias.

Camacho: el mártir que se quedó sin causa y al que ni Santa Cruz perdonó su silencio desde la celda. El héroe del 2019, hoy eclipsado por la sombra de su inacción, su encierro y su entorno. Perdió Santa Cruz ante Branko. Perdió protagonismo. Perdió lo único que aún tenía: la mística. Te recordaremos como el que tumbó al tirano, sí, pero no como el que supo qué hacer después.

La victoria del hartazgo. Esta elección no la ganó un partido, ni una maquinaria, ni una logia. La ganó la ciudadanía harta. Harta de que le digan por quién votar. Harta de candidatos “calculados”. Harta de encuestadoras que más parecen empresas de relaciones públicas.

Hoy, Bolivia se dio un lujo: eligió sin pedir permiso, le escupió el café a los opinadores de siempre, y dejó claro que, en este país, el poder lo tiene quien se atreve a escuchar en vez de gritar.

Y ahora… que tiemblen los ladrones de cuello blanco. Porque con esta señal del pueblo, se viene la segunda vuelta con olor a limpieza. Que los corruptos vayan preparando abogado. Que los pedófilos con charango busquen otro escondite. Y que las encuestadoras… pues, mejor que cambien de rubro. Tal vez las cartas astrales acierten más.

Alberto De Oliva Maya | Columnista
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