Desde que el MAS asumió el poder, manipuló la manera de medir la inflación. Creó una canasta de casi 350 productos que incluye computadoras, celulares y electrodomésticos, mezclados con papa, arroz o huevo. El resultado: un índice de precios que poco tiene que ver con lo que vive el boliviano de a pie. Hoy, el INE informa que la inflación acumulada es del 16,92%, pero la de alimentos –la que de verdad golpea a todos, especialmente a los pobres– supera el 31%. Algunos productos, como la carne de res, el café o el aceite, han duplicado o triplicado su precio. ¿Y el Gobierno? Se refugia en una cifra engañosa. Luis Arce apodado “el canastas”, aseguraba no hace mucho que con 100 bolivianos se compra toda la provisión familiar. Pero quien pisa un mercado sabe que eso no alcanza ni para una bolsa. La inflación real se vive en el estómago y no en los boletines del INE. Esa es la verdad que el poder intenta esconder.