Las cinco encuestas de intención de voto, autorizadas y supervisadas por el Tribunal Supremo Electoral, publicadas hasta la fecha, pronostican ese final. En la última, a casi 30 días de la elección, los tres candidatos del bloque de “izquierda” —Andrónico Rodríguez, Eduardo del Castillo y Eva Copa— juntos no alcanzan ni el 12%.
Ciertamente, cuando hablamos de encuestas en Bolivia —sobre todo las publicadas días previos a la elección— debemos tomar en cuenta la significativa diferencia con el resultado final en las urnas. No obstante, esos reducidos porcentajes de preferencia electoral para esa “izquierda” serán difíciles de remontar en lo que queda. Además, al estar divididos, se quitarán votos entre ellos. Salvo que ese significativo grupo de indecisos, blancos y nulos —que en la última encuesta llega casi al 25%— vote por un solo candidato de izquierda.
Ahora bien, en el título, la palabra izquierda está entre comillas, lo cual denota —valga la redundancia— duda. Mucha duda. Pues, en ningún caso, hablamos de la verdadera izquierda. La “izquierda” que tomó el poder en Bolivia hace 20 años, esa izquierda del siglo XXI, está constituida por una banda de impostores que, con el discurso del pueblo, la defensa de los recursos naturales frente a las intenciones del imperio, la reivindicación de las mayorías indígenas excluidas y la falacia del discurso del Estado Plurinacional, destrozaron al país y robaron a manos llenas, dejándonos en la peor crisis política, económica, ambiental, energética y moral.
Esa “izquierda indígena” que se proclamó como “la última reserva moral del mundo” resultó, en los hechos, ser la “reserva moral más podrida del mundo”, a la cabeza de Evo Morales. Fueron, en todo caso, unos viles impostores.
La doble moral de los “izquierdistas” del ya colapsado Estado Plurinacional es su característica fundamental. Aparentan ser de izquierda, cuando en el fondo son de derecha. “Obreros” de día, burgueses de noche. Izquierdistas de corazón, pero capitalistas de bolsillo. Son, además, los principales exponentes del consumo capitalista y de sus marcas más reconocidas. Vean qué marca de tenis usan estos “izquierdistas”. Con la plata del pueblo viven en opulencia mientras predican sobriedad. Además, como gobernantes, gozan de descomunales privilegios respecto al pueblo que dicen representar.
La verdadera izquierda —de la cual existen muy pocos ejemplos— tiene como horizonte la justicia social y la reducción de las desigualdades, como señalaba Norberto Bobbio. La izquierda no es solo una bandera con la que, de manera cínica, se engaña al pueblo demagógicamente. La izquierda no se predica, se practica. La genuina izquierda, en ese horizonte, no admite corrupción, mentira, insensibilidad ni abuso. La izquierda no compra ni vende conciencias. La verdad, la razón, la libertad y la justicia son valores intrínsecos de la verdadera izquierda. En ese sentido —dicho sea de paso— me considero un liberal de izquierda, aunque para muchos esto resulte una contradicción.
Con esos valores de la verdadera izquierda, veamos ahora qué tipo de “izquierdistas” toman el poder. Por los resultados y lo que se observa, la izquierda que gobierna Bolivia es una cleptocracia de magnitud nunca antes conocida. Desde la burocracia estatal, roban a su antojo en megaproyectos y en miles de obras, grandes y pequeñas. La corrupción está en su médula.
Roban descaradamente. Roban en bonanza y, lo que es peor, roban aún más en tiempos de crisis y escasez. De lejos, estos “izquierdistas” superaron, en corrupción, a los peores gobiernos dictatoriales y de derecha que la historia ha conocido.
También estos izquierdistas embusteros dilapidaron, de la manera más irresponsable, el mayor excedente económico que tuvo Bolivia. Administraron una gigantesca bonanza. Muchos dólares. Miles de millones que hoy, prácticamente, han desaparecido. Después de dilapidar el excedente, acabaron con las Reservas Internacionales. Ahora están haciendo lo mismo con el oro, lo último que queda.
Tras un peligroso endeudamiento interno y externo, están a punto de dejarnos en default. Los dólares ya no alcanzan ni siquiera para pagar las cuotas de la deuda externa. Y, lo que es peor, están imprimiendo papel moneda sin respaldo, de forma indiscriminada, dando origen a la galopante inflación que vivimos hoy.
La inflación corroe los salarios y el poder adquisitivo, haciendo más pobres a los pobres. Vean la paradoja: dicen defenderlos, pero al final estos falsos izquierdistas acaban siendo sus peores enemigos. No es posible calificarlos como gobiernos de izquierda cuando, en realidad, son una máquina de producir pobreza. Ojo: si la inflación se descontrola y pasamos a la hiperinflación, los “Chuquiago boys”, los economistas de esta falsa izquierda, condenarán a millones de pobres a la miseria absoluta.
Todas las encuestas pronostican el fin de esta falsa izquierda. Ojalá que el resultado en las urnas, por el bien de todos, así lo confirme. Fue una izquierda depredadora en todo sentido. Los daños provocados son considerables, sobre todo en las clases que dicen defender, a quienes mantienen en la más absoluta ignorancia y oscuridad. Vean lo que hace Evo Morales con sus bases en Lauca Ñ, donde la obediencia es medieval e inquisitoria.
Desde todo punto de vista, sobre todo el moral, es hora de que las urnas nos liberen de esta falsa izquierda.
Pero, ojo, con quienes asuman la gran responsabilidad de reemplazarla. No pueden repetir las mismas prácticas ni cometer los mismos errores. No pueden ni deben reeditar la terrible experiencia del gobierno transitorio de Jeanine Áñez que, en pocos meses en el poder, pretendió robar lo que el MAS evista había saqueado en 14 años.
*El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.