Enfoques

Muerte del régimen totalitario en Bolivia

Muerte del régimen totalitario en Bolivia
Jhonny Vargas - Politólogo y docente de Postgrado | Politólogo y docente de Postgrado
| 2025-07-18 00:40:00

El poder saliente se desmorona, sin saber cómo ejercer el poder ni cómo encarar el futuro del régimen masista. Tras 20 años de dura guerra ideológica, el país comienza a despertar. Todos ansiamos un cambio, y muchos se encuentran frustrados por la incompetencia del gobierno para hacer frente a la crisis económica, la crisis política y la crisis electoral que está a la vuelta de la esquina. El ambiente electoral es pesado, existe mucha incertidumbre. Queremos salir del periodo de ignorancia y oscuridad que, a su vez, ha llevado a todo el país al borde de la destrucción.

Quien quiera ganar esta elección sin convencer, sin persuadir y sin saber negociar, está totalmente equivocado. El poder real, señores candidatos, se halla fundamentalmente en las provincias y está concentrado en manos de los líderes políticos locales.

Hay que aceptar el hecho de que la mafia política es producto de una infección o una enfermedad hereditaria que ha transmitido la vieja política y el viejo pensamiento de la antigua sociedad boliviana. Bolivia se enfrenta a una revolución que clama por libertad. Y para conseguirla no es necesaria una revolución de bombas molotov ni una revolución sangrienta: la única revolución que puede salvar a Bolivia de sus cicatrices abiertas y profundas es una revolución cultural, una revolución de las ideas.

Necesitamos un nuevo capullo de nueva política y nuevo liderazgo. Este viejo sistema político, con muchos partidos-taxi, adolece de inmadurez y muestra cierto infantilismo en su comportamiento y sus ideas. Muchos son muy proclives a apoyar y emprender causas perdidas, causas irreflexivamente equivocadas.

La mafia política, totalmente articulada, decidió entregar el poder a su mejor representante. Una transición “light”.

Cada boliviano es libre de elegir entre las diferentes opciones, pero, debido a la fuerza de las circunstancias, estamos destinados a tomar una decisión rápidamente. El régimen nos obliga a elegir entre los mismos de siempre; la mafia política nos presiona para legalizar y legitimar su dictadura.

Nosotros queremos un cambio total de todas las estructuras. Pero arriba se pusieron de acuerdo para una transición de poder “blanda”, lenta, suave, para que sigan ellos conservando sus privilegios, prebendas y los beneficios que obtienen de una clase política podrida y corrupta.

La política del Movimiento al Socialismo ha sido un completo fracaso, y la misma supervivencia del “instrumento político” pende de un hilo. Pero para la mafia política, si es necesario sacrificar al instrumento para su propia supervivencia, así debe hacerse.

Es la ruta a seguir, con un Tribunal Supremo Electoral totalmente desacreditado, con un Tribunal Supremo de Justicia totalmente cuestionado. El show debe continuar, porque existen muchos intereses y negocios en juego.

La mafia política está consciente de que tiene que tomar decisiones que traerán consecuencias. Es el momento de asumir responsabilidades por las decisiones erróneas tomadas hasta ahora, que seguramente pesarán más tarde. No sabe qué se va a hacer en el futuro inmediato ni a quién entregará el poder. Lo único cierto es que no quiere un Milei ni un Bukele en el estilo de gobernar. Piensan que pueden adaptarse a las circunstancias, como lo han hecho en el pasado, pero debido a su inmadurez y soberbia política —porque creen que pueden seguir teniendo todo el control del sistema burocrático y corrupto, y que no existen fisuras en su sistema de manipulación—, están totalmente equivocados.

Ellos piensan que nos robaron la elección sin darse cuenta de que lo único que hicieron fue afianzar mucho más este movimiento por la liberación nacional de Bolivia.

El comportamiento del Movimiento al Socialismo es exactamente como el de alguien que jamás ha vivido realmente, y que la primera vez que lo hace, se toma una botella entera de singani y se embriaga de poder hasta más no poder. La borrachera de poder se le subió a la cabeza, hasta quedar inconsciente y no comprender la realidad. Este borracho de poder terminará cayéndose en alguna zanja estrepitosa y seguramente morirá de un traumatismo craneoencefálico. En eso se resume la historia del MAS y su caudillo.

Por otro lado, la visión de la verdadera oposición es muy corta de miras. No podemos conformarnos con lo que ya existe: debemos aspirar a más. De todo lo sucedido debemos sacar una reflexión: asegurarnos de no librar ninguna batalla sin estar bien preparados, y jamás librar una batalla si no estamos seguros de ganarla.

La indecisión será —y es— siempre nuestro peor enemigo. Hay que librar la batalla sin cuartel, sin darle al MAS la oportunidad de reagruparse, y no repetir lo ocurrido con la presidenta Añez.

Bolivia se encuentra en una situación catastrófica. La economía está en ruinas, no existe estabilidad, la inflación está fuera de control y los medios de comunicación se encuentran muy sometidos al régimen. La gestión pública está acompañada de corrupción, pillaje político, represalias y el robo de los recursos naturales del Estado. Todo esto está a la orden del día.

Queremos un régimen políticamente estable y económicamente viable. La próxima administración tendrá una dura prueba de fuego: hacer cumplir la ley y enviar al exmandatario donde debe estar. Si no lo hace, demostrará que siempre existió una cierta complicidad vergonzosa con el régimen dictatorial.

Además, el exmandatario se convertirá en una piedra en el zapato de cualquier administración. En la guerra debe haber sacrificio. Sin sacrificio, no habrá victoria para la siguiente administración.

Alguna vez, hagan las cosas bien.

Jhonny Vargas - Politólogo y docente de Postgrado | Politólogo y docente de Postgrado
Más información