Bajo el penoco

30 años después

| 2025-07-17 00:52:31

El mea culpa de Lupe Cajías es tan valiente como tardío. Treinta años después, la reconocida periodista e historiadora admite su complicidad –y la de muchos colegas– en la construcción del mito Evo Morales. No fue simple fascinación: fue ceguera ideológica, cobardía gremial y romanticismo irresponsable frente a un caudillo que hoy es sinónimo de corrupción, autoritarismo y narcotráfico. Aplaudieron sus discursos, invisibilizaron sus excesos, callaron frente a sus alianzas oscuras. Los que advirtieron el riesgo fueron tildados de radicales, vendidos o enemigos del pueblo. Hoy, las consecuencias las paga todo el país: bloqueos que matan, una prensa quebrada y una democracia prostituida. Lupe lo reconoce con crudeza, pero es imposible no preguntarse: ¿acaso no era evidente desde el inicio? ¿Somos tan ingenuos o simplemente cómplices? La reflexión no es solo para periodistas: es para todos los que, por conveniencia o por fe ciega, eligieron mirar para otro lado. Recuperar la palabra –como dice Cajías– implica también recuperar la verdad, sin medias tintas. Aunque duela. Aunque sea demasiado tarde.