«Trata
de llegar enseguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con
él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te
pongan preso» (Mt 5,25)
No hace falta la inteligencia
artificial para comprender que debería haber mucha gente en Bolivia que estén
en una situación de pánico ante un posible cambio de gobierno que podría poner
a sus adversarios en el poder, dando como resultado cierta inversión en la
población carcelaria. Por cierto, hay muchos que han abusado del sistema
judicial, y que por esto merecen estar detrás de las rejas, aunque podamos
debatir si conviene para el futuro del país.
El largo y conocido abuso de la
prisión preventiva se ha convertido en una fuente de ingresos para todos los
actores del sistema: policías, fiscales, jueces y abogados. Es demasiado
lucrativo para permitir una verdadera reforma de la Justicia, aunque la
realidad es conocida y denunciada nacional e internacionalmente, por
representar una clara violación de la presunción de inocencia. En 2024, 18,807
de los 32,035 presos a nivel nacional estaban con prisión preventiva: es decir
el 58.7%. Algunos son nuestros famosos presos políticos, avergonzadamente
secuestrados y sometidos a procesos en tribunales sin jurisdicción, habiéndose
convertido el refrán de “golpe de estado” en una letanía masista. Cada vez que
lo han cantado ha sido en realidad un golpe de justicia. Según la Global Human
Rights League (Liga Global de Derechos Humanos) hay 314 presos políticos en
Bolivia.
¿Qué sucederá si sus víctimas y
adversarios tuvieran la oportunidad de decretar la justicia para los actuales
gobernantes y actores de la justicia en Bolivia?
Personalmente, me gustaría, después
de las elecciones, verlos no solamente liberados, sino invitados a conformar,
no un tribunal de venganza, sino una gran comisión sobre la verdad de los
hechos que han sucedido en Bolivia durante las últimas décadas.
En todo caso, conviene seguir el
consejo de Jesús para arreglar con el adversario antes de terminar en la cárcel
o peor, especialmente tomando en cuenta la última violencia evista en Llallagua
y las nuevas maquinaciones sobre el llamado “Caso Consorcio”.
Pero sepa que, mientras aquella
exhortación es perfectamente válida para nuestros juegos de poder terrenal, el
verdadero adversario que Jesús tenía en mente no era un enemigo o maleante
cualquiera.
A
ustedes, mis amigos, les digo: «No teman a los que matan el cuerpo y después no
pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que,
después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman
a ese». (Lc 54-5).
El adversario con quien debemos
arreglar mientras estemos en el camino es Dios mismo, y el juez es Jesús, y su
juicio es así: «Estuve preso, y viniste a verme» (Mt 25,36), o quizás no. Y al
no arreglar con Dios por el camino, se puede esperar el día que Jesús dirá:
«Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el
demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer;
tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y
no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron» (Mt 25,42-43).
Dios te bendiga. ¡Ojalá!