En 1993, periodistas de África amenazados por gobiernos dictatoriales pidieron la protección de organismos internacionales. Por eso, la Asamblea General de las Naciones Unidas, siguiendo la recomendación de la Conferencia General de la UNESCO, estableció el 3 de mayo como Día Internacional de la Libertad de Prensa.
Pero hoy, en 2025, 32 años después, las amenazas del poder político, el acoso judicial y las agresiones a hombres de prensa —llevadas hasta la muerte en zonas de conflictos bélicos y poblaciones tomadas por el crimen organizado— continúan, cada vez con mayor frecuencia. A ello se suman otros demonios que se han soltado: las redes sociales y la inteligencia artificial, que si bien contribuyen a la democratización de la información, también conllevan peligro cuando generan informaciones falsas y atentan contra el ADN del periodismo, que es la objetividad.
“Hago un llamamiento a todos los Estados para que intensifiquen y garanticen la protección de los trabajadores de medios de comunicación de acuerdo con el derecho internacional”, dijo Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO.
En 2023, de los 42 asesinatos de periodistas en países en conflicto, 18 tuvieron lugar en Palestina; 4 en Ucrania y Colombia; 3 en Irak, Líbano, Myanmar y Sudán; y 1 en Siria, Chad, Somalia y la República Democrática del Congo. Se trata de la continuación de una tendencia alarmante: en conjunto, más periodistas han muerto en conflictos en los últimos dos años que en cualquier otro período desde 2016-2017.
Y en 2024, la UNESCO informa que al menos 68 periodistas y trabajadores de medios de comunicación fueron asesinados en cumplimiento de su deber. Por eso, en este 2025, la UNESCO ha planteado recordar a los gobiernos la necesidad de respetar su compromiso con la libertad de prensa. Que este día sea también uno de reflexión entre los profesionales de los medios sobre cuestiones de libertad y ética profesional, y para exigir apoyo a los medios que son blanco de la restricción —o abolición— de la libertad de prensa.
Pero otras amenazas han aparecido de la mano de la IA. Además de ser usada para generar noticias falsas, grandes plataformas tecnológicas la utilizan para filtrar y controlar qué contenidos se ven, lo que las convierte en poderosos guardianes de la información. La aparición de robots en las pantallas plantea conflictos éticos sobre si estos tienen o no responsabilidades similares a las de los humanos.
Mientras tanto, en Bolivia, la Asociación Nacional de Periodistas (ANPB) denunció que durante 2024 se registraron 182 vulneraciones a la libertad de prensa, incluidas agresiones físicas, despojo de equipos, amenazas y judicialización del trabajo periodístico. También se reportaron negación de acceso a la información y violación del secreto de fuente. Puntualizó que “el escenario político fue el terreno más hostil para el ejercicio del periodismo”.
Pero 2023 fue más grave, porque se reportaron 221 casos y porque sigue abierta la herida del secuestro y tortura de periodistas en Las Londras, el 28 de octubre de 2021. A esto se suma el cierre del periódico Página Siete y las capitalizaciones camufladas del poder político a medios independientes en Cochabamba y Santa Cruz, que son golpes a la yugular de la libertad de prensa.
Sin embargo, este Día Internacional de la Prensa nos encuentra también en estado de apronte, reivindicando la libertad de prensa. Bendecidos con la vigencia de la Ley de Imprenta —que acaba de cumplir 100 años como baluarte y escudo de contención ante las amenazas— y con el compromiso de instalar tribunales al menos en las nueve capitales de departamento, a fin de autorregular nuestro trabajo y defender la libertad de expresión y de prensa como piedra angular de la democracia.