Bajo el penoco

De milagros y milagreros

| 2025-04-21 07:56:08

Pese a que era muy creyente, el físico más célebre de la historia, Albert Einstein, era reacio a hablar de milagros y se enojaba cuando trataban de alabarlo llamándolo “genio”. “Algunos creen que mi trabajo consiste en frotar una lámpara o hacer trucos mágicos. No saben los días y meses de esfuerzo que lleva una mínima conclusión científica”, decía el hombre que afirmó que el éxito consiste en diez por ciento de inspiración y noventa por ciento de transpiración. En economía es todavía más frecuente hablar de “milagros”. Recordemos que, al poco tiempo de llegar Evo Morales al poder, ciertos miopes le atribuían actos prodigiosos por los altos niveles de crecimiento logrados, gracias a ingresos excepcionales conseguidos por obra y gracia de inversiones petroleras realizadas durante el “sucio período neoliberal”. Y cuando hablamos de la aplicación de medidas libertarias, como las que lleva adelante el presidente argentino Javier Milei, la confusión es todavía mayor. En este caso, no se trata de lo que hace el gobierno, sino de lo que deja de hacer; no de las grandes habilidades de los gobernantes, sino de permitir que sea el individuo quien tome las riendas de la economía. El milagro es que aparezca un líder con la suficiente humildad como para admitir que, si lo dejan, el ciudadano puede cambiar la historia de un país.