Tribuna

Miopía: ¡Se topó con China!

Miopía: ¡Se topó con China!
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2025-04-18 00:24:06

Durante décadas, China ha sido la fábrica del mundo donde cadenas de producción cada vez más automatizadas y de alta tecnología producen de todo, desde artículos para el hogar y calzado hasta productos electrónicos, materias primas para la construcción, electrodomésticos y paneles solares. Esas fábricas satisfacen la demanda de los consumidores estadounidenses y mundiales de bienes asequibles, pero alimentaban un enorme déficit comercial. China también ha fortalecido sus cadenas de suministro de tierras raras y otros minerales críticos, ha mejorado su tecnología de fabricación con IA y robots humanoides, y ha incrementado sus capacidades tecnológicas avanzadas, incluyendo semiconductores. Muchos productos procedentes de China no pueden ser reemplazados rápidamente, lo que elevará los precios en EE.UU., posiblemente durante años, antes de que se instalen nuevas fábricas. Esto podría suponer un aumento de impuestos para los estadounidenses de aproximadamente $860 mil millones antes de las sustituciones (JP Morgan).

La clave de la derrota por lo menos temporal de Trump reside en que el resto del mundo no está en guerra tarifaria entre sí, sólo con EE.UU. Europa no ha impuesto gravámenes a Asia ni viceversa. En Europa, Brasil, Turquía y similares, Samsung repentinamente hubiese sido mucho más atractivo que un iPhone, los autos chinos o los eléctricos europeos serían aún más baratos que un Tesla. Nada lo ilustra mejor que esta empresa de Musk. Las tarifas de Trump la convertían en el rey de la industria que fabrica a sus autos en EE.UU., a diferencia de sus competidores. Pero las represalias que surgieron iniciaron a escribir el epitafio de la firma. Las ventas en los EE.UU. representan un 35% del total de los Tesla, pero la mayor parte del otro 65% se realiza en China y Europa (32 y 25 por ciento respectivamente).

Actualmente, Estados Unidos necesita las exportaciones chinas más de lo que China necesita el mercado estadounidense. China tiene grandes ahorros y podría adaptarse fácilmente a esta guerra comercial, desviando muchos de sus productos al consumo interno (WSJ). Dado que la economía estadounidense depende completamente de las fuentes chinas para bienes vitales (existencias farmacéuticas, chips electrónicos baratos, minerales críticos), fue sumamente imprudente no asegurar proveedores alternativos o una producción nacional adecuada antes de interrumpir el comercio. Al hacerlo a la inversa, la administración está provocando precisamente el tipo de daño que dice querer prevenir. La “des americanización” podría avanzar global y gradualmente. En lo inmediato todos pierden, desde luego. Después de todo, EE.UU. es el principal mercado para muchos productos del orbe. Es el principal, pero representa menos del 30% del mundo. China, Japón, Europa o Corea intentarán colocar sus mercancías en otros lados, algo que EE.UU. no podrá hacer por su guerra “universal”. Más aún, en algunos casos, esos países intentarán ganar mercado a costa de los productos de EE.UU. que se habrán encarecido.

La lógica llevaría a pensar que el escenario más probable consiste en hacer las paces con Europa y el llamado mundo “Occidental” en el que se incluye usualmente a Japón, a Australia y quizá a Corea del Sur y mantener el pulso con China y el sudeste asiático. Trump necesita proteger su imagen de “buleador” exitoso y mostrar evidencias de que sus aranceles han producido algún efecto positivo. No va a ser fácil. Lo más probable es que se llegue a componendas con proteccionismos a medias, por productos y por regiones. Países y empresas acudirán a Washington para cerrar acuerdos y obtener exenciones, exenciones y condiciones especiales. Cuánto, cómo y quiénes, no se sabe. “Esto sienta las bases para la corrupción” (Washington Post). Añade, “estas negociaciones arancelarias inevitablemente resultarán en una cascada de corrupción. La economía estadounidense se está transformando de ser el principal mercado libre del mundo al principal ejemplo de capitalismo clientelista”.

Esa era la intención de la administración del Presidente Obama: un bloque de libre comercio, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), lo suficientemente grande como para obligar a China a cambiar sus prácticas comerciales como precio de admisión. Este acuerdo comercial Trump descartó el primer día de su primer mandato con una resolución ejecutiva. Ahora, el secretario del Tesoro de EE.UU., ha afirmado de llegar a un acuerdo comercial con los aliados y acercarse a China "como grupo". Pero ahora que ha intimidado a sus aliados y ha incumplido sus acuerdos anteriores, EE.UU. descubrirá que están menos dispuestos a cooperar. Sin embargo, si sus socios comerciales sospechan que EE.UU. está comprometido con el proteccionismo, ¿por qué ofrecerían concesiones?

De EE.UU. con amor: el fabuloso regalo al líder chino

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, habló con el primer ministro chino, Li Qiang, poco después de la imposición de los aranceles de Trump, y se ha programado una cumbre entre la UE y China para julio. Mientras tanto, la UE y China acordaron la semana pasada reanudar las conversaciones para resolver una disputa sobre las importaciones chinas de vehículos eléctricos, a las que el bloque impuso aranceles hace unos meses.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, resumió el estado de ánimo global: “Nuestra antigua relación de integración cada vez más profunda con EE.UU. ha terminado”. Al señalar el fin de un período de 80 años de liderazgo económico estadounidense, el Sr. Carney añadió: “Si bien esto es una tragedia, también es la nueva realidad”. Incluso si se desmantelaran todos los aranceles, el recuerdo del Día de la Liberación perdurará en la mente de cualquier empresa que construya una cadena de suministro.

Sigue siendo difícil que EE.UU. evite la recesión. Las repercusiones en las cadenas de suministro derivadas de una interrupción repentina de las importaciones chinas, el golpe a la confianza y el caos político persistente en EE.UU. son realidades.

Oscar Antezana Malpartida | Columnista
Más información