Editorial

Ecuador y la ola antipopulista

La reelección de Daniel Noboa en Ecuador es un síntoma claro de que el péndulo político en América Latina comienza a moverse otra vez, alejándose del socialismo del siglo XXI...

Editorial | | 2025-04-18 00:26:41

La reelección de Daniel Noboa en Ecuador es un síntoma claro de que el péndulo político en América Latina comienza a moverse otra vez, alejándose del socialismo del siglo XXI que ha dejado una estela de miseria, corrupción y dictaduras disfrazadas de democracia. Este resultado marca un mensaje rotundo de los ciudadanos: basta de populismo, basta de demagogos que prometen justicia social mientras hipotecan el futuro de sus países.

La diferencia de más de un millón de votos a favor de Noboa no deja espacio para dudas ni “fraudes horrorosos”, como berrinchó Nicolás Maduro desde Caracas.

Este giro no es un hecho aislado. En Argentina, Milei barre con el estatismo y el peso muerto del kirchnerismo, mientras Paraguay, Uruguay y El Salvador consolidan gobiernos con agendas centradas en la libertad económica y la seguridad ciudadana. Son síntomas de un cambio regional más profundo, impulsado también por la reconfiguración geopolítica internacional que trae consigo el retorno de Trump a la Casa Blanca. La blandura estadounidense con los regímenes de izquierda en la región ha terminado, y con ello, la cuerda de oxígeno para las dictaduras.

El caso venezolano es quizás el más dramático. Maduro permanece en el poder no por respaldo popular, sino por represión, hambre y control total del aparato estatal. Su tercer mandato fraudulento ya ni siquiera convence a sus viejos aliados. La vía electoral está cerrada, y la diplomática fracasó hace años. A Venezuela solo le queda el aislamiento total, la presión externa y el desgaste interno.

En Colombia, el experimento Petro ha resultado en una mezcla tóxica de improvisación, radicalismo ideológico y caos económico. Su popularidad en picada anuncia un cambio inevitable en los próximos comicios. Chile no canta mejor: Boric, atrapado entre su retórica juvenil y la realidad de gobernar, ha desperdiciado su capital político. El resultado será previsible: voto castigo y el regreso a fórmulas más responsables y menos ideologizadas.

Lo de Bolivia es preocupante. A diferencia de Ecuador o Argentina, la oposición llega fragmentada y sin liderazgo claro. El MAS, pese a estar desgarrado por la pugna entre Arce y Morales, puede seguir explotando el clientelismo estatal y una justicia a su medida para conservar el poder. El riesgo de consolidación de una dictadura “legalista”, al estilo nicaragüense, es altísimo. Si la oposición no logra unirse tras un liderazgo firme, volveremos a ver al país sometido por el mismo modelo que ha destrozado la economía, corrompido las instituciones y empujado a millones a la informalidad y la pobreza.

El discurso de Milei resuena más allá de las fronteras argentinas: el socialismo no solo ha fracasado, ha destruido países. La inflación, la escasez, la violencia y la censura son sus consecuencias inevitables. En contraposición, los gobiernos que han apostado por la libertad económica, la seguridad jurídica y la apertura al mundo comienzan a ver frutos. No es un milagro ideológico, es simple racionalidad.

América Latina está frente a una encrucijada histórica. Puede seguir alimentando a sus verdugos con votos, repitiendo ciclos de miseria, o puede aprovechar esta ola democrática para rescatar lo que queda de sus instituciones y reconstruir sobre cimientos sólidos.