Bajo el penoco

Si yo fuera presidente…

| 2025-04-06 08:41:42

El problema de la unidad en Bolivia pasa porque existe una confusión con la democracia, pues aquí no se trata de “un ciudadano un voto” sino de que detrás de cada habitante existe un aspirante a convertirse en presidente y nadie quiere dar el brazo a torcer. Todo boliviano lleva un pequeño candidato presidencial en el alma. No importa si es odontólogo, ingeniero agrónomo, poeta aficionado o dueño de una chichería en Sorata: tarde o temprano, se cree predestinado a salvar la patria. Es una epidemia cultural, un virus del ego disfrazado de vocación de servicio. La política se ha convertido en un espectáculo donde cada cual quiere su minuto de fama, su tarima, su eslogan. Lo patético es que el premio no es el poder para transformar, sino el poder para figurar. Porque en este país, el honor no se hereda ni se gana: se actúa. Nos cuesta aceptar la vida sin reflectores. Enseñar, curar, emprender, sembrar, ¿para qué, si no hay una banda presidencial de por medio? Así, seguimos pariendo candidatos como quien hace pan: con la misma receta rancia, los mismos delirios de grandeza, y ninguna capacidad de autocrítica. El país necesita obreros de la realidad, no actores de la épica. Pero mientras todos quieran ser presidentes, nadie se ocupará de hacer país.