Editorial

Vergüenza histórica

Acaba de ocurrir un hecho histórico y humillante para Bolivia: Argentina ha comenzado a exportar gas a Brasil, el mayor mercado de la región, utilizando los gasoductos bolivianos...

Editorial | | 2025-04-04 00:03:00

Acaba de ocurrir un hecho histórico y humillante para Bolivia: Argentina ha comenzado a exportar gas a Brasil, el mayor mercado de la región, utilizando los gasoductos bolivianos. Este episodio no solo simboliza la consolidación de Argentina como un nuevo actor clave en el comercio de gas en Sudamérica, sino también la decadencia absoluta de Bolivia como potencia gasífera, un descalabro generado por la nefasta nacionalización implementada por el régimen del MAS.

Durante décadas Bolivia abasteció a Brasil y Argentina con gas natural y se ha vuelto un mero transportador del hidrocarburo ajeno. La infraestructura, que en su momento fue un orgullo y la mayor obra de ingeniería de la región, hoy solo sirve para que otro país capitalice lo que una vez fue el principal recurso de exportación boliviano.

La nacionalización de los hidrocarburos, vendida por el MAS como una política patriótica y soberana, resultó ser una trampa mortal para la industria. Se ahuyentaron inversiones, se desincentivó la exploración de nuevos yacimientos y se destruyó la sostenibilidad del sector. El resultado es que las reservas de gas boliviano cayeron dramáticamente y, con ello, la capacidad del país para cumplir con sus compromisos internacionales.

Hasta 2014, Bolivia generaba más de 6.000 millones de dólares anuales en exportaciones de gas. Lo que recibirá por alquilar sus gasoductos es una suma irrisoria. La situación es tan crítica que no solo hemos perdido el mercado brasileño, sino que pronto Bolivia se verá obligada a importar gas para su propio consumo. Por culpa del socialismo, estamos repitiendo la misma maldición de Cuba, que pasó de ser una potencia azucarera a importar azúcar.

Argentina, nuestro cliente por más de 60 años, se ha vuelto exportador gracias al impulso político y la apertura a las inversiones en el sector de Vaca Muerta. La velocidad con la que el gobierno de Javier Milei ha convertido a Argentina en una potencia gasífera es un claro contraste con la parálisis boliviana.

Los expertos en energía no dejan de advertir que la situación boliviana es el resultado directo de políticas equivocadas. La falta de exploración y explotación de nuevos campos gasíferos, la expulsión de capitales privados y la corrupción dentro de YPFB son los pilares de esta crisis. Francesco Zaratti, analista en energía, ha sido tajante al afirmar que este nuevo rol de Bolivia como simple transportador de gas es una “triste muestra de la realidad” en la que nos encontramos.

A largo plazo, el panorama es desolador. Si Bolivia no revierte esta tendencia con urgencia, se consolidará como un país sin peso en el mercado energético, dejando su infraestructura al servicio de otras naciones que sí supieron aprovechar sus recursos. Y mientras las autoridades bolivianas celebran el “hito” de alquilar nuestros ductos, el país se hunde en una vergüenza histórica.

La pregunta que queda es: ¿hay aún tiempo para revertir el desastre? La respuesta dependerá de si los líderes políticos están dispuestos a dejar atrás la ideología que ha condenado al país a la irrelevancia en el sector hidrocarburífero. De lo contrario, la “nacionalización” del gas quedará en los libros de historia como el mayor error político y económico de Bolivia en el siglo XXI.

Si Bolivia no revierte esta tendencia con urgencia, se consolidará como un país sin peso en el mercado energético, dejando su infraestructura al servicio de otras naciones que sí supieron aprovechar sus recursos.