Dios te bendiga

¿Diálogo ahora?

¿Diálogo ahora?
Mons. Robert Flock | Monseñor
| 2025-03-20 07:09:20

«Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?» (Lc 9,54).

Si supiera dibujar en vez de escribir haría una caricatura de un barco volcado, los infortunados gritando “sálvame” y los rescatistas proponiendo un diálogo con mesas técnicas. Quizás sería más impactante dibujar un edificio quemándose, con gritos similares de los atrapados y los bomberos proponiendo el diálogo. Pensándolo, quisiera retratar a los animales atrapados por los incendios forestales en la Chiquitania mientras allá lejos en las alturas proponen diálogo.

Los Pastores de la Iglesia, con frecuencia llamamos al diálogo, pero como alternativa a la confrontación y la violencia. Queremos debate y diálogo con capacidad de escucha y apertura a otros puntos de vista, un camino nuevo de síntesis que sale de la verdad y promete vida en abundancia.

Las declaraciones de emergencia que están haciendo, representan los gritos desesperados de quienes necesitan con urgencia una salvavida tirada con absoluta precisión o quien sepa meterse al agua para rescatar a los que en su pánico amenazan ahogar a todos. Ya saben lo que hace falta para el problema de los carburantes, la liberación de importación por privados sin trabas. El diálogo que propone ahora es echar gasolina al fuego. ¿No han visto los letreros en la carretera que dicen: “No derrame combustible en la vía”? Así es la verborrea actual. El monopolio de carburantes es la soga al cuello del pueblo. ¿Acaso van a dialogar con quienes pueden colgar?

Pero si sinceramente desean dialogar, que se pongan al final de una de estas colas que tardan días para llegar a la bomba, ojalá antes de que se acabe la gasolina. Hay que escuchar a los que no pueden abandonar la fila por perder su turno. Que lleve su bidón donde se ven miles de bidones para llenar. Que vayan a dialogar en alguno de estos surtidores nuevos en la carretera bioceánica o la ruta de San Ignacio a San Matías que llevan años construidos sin entrar en servicio. Que conversen con el chofer de un camión cargado de ganado atrapado sin agua y comida en un bloqueo de los impacientes. Hace falta algunos buenos diálogos y debates, pero necesitan salir de la Casa Grande del gobierno y entrar en el campo grande del pueblo.

Jesús dio un apodo a dos de sus discípulos, pescadores, hombres rudos: “Boanerges”, “Hijos del Trueno”. Seguramente no era por su capacidad de dialogar, aunque Jesús con paciencia lograba hacerles escucharlo. Fueron ellos, Santiago y Juan, quienes propusieron “fuego del cielo” para un pueblo que no quiso recibirlos. San Lucas dice que Jesús los reprendió, aunque no nos transmitió sus palabras exactas. Poco antes, al enviarlos en misión los instruyó: «Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos» (Lc 9,5). No sorprende que prefieran fuego y azufre, pero esas cosas vienen del infierno y no del cielo.

No mucho después Jesús invitó a los Hijos del Trueno a un diálogo especial; llevó también a Pedro, a quien poco antes le había calificado de “Satanás”, por pensar como los hombres y no como Dios (Mt 16,23). ¿Para qué dialogar cuando dejan fuera al único interlocutor realmente válido? Así que en el monte Jesús entró en diálogo con Moisés, Elías y Dios Padre, quien a su vez se dirigió desde la nube a los tres atónitos con un sencillo pero contundente mensaje: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo» (Lc 9,35). Aprendiendo a escuchar esta voz y entrar en este diálogo serían auténticos Hijos del Trueno, y como tal tendría algo que vale la pena dialogar con el pueblo. Es lo que falta en los diálogos en Bolivia.

Dios te bendiga.

Mons. Robert Flock | Monseñor
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