Luis Arce dice estar dolido por lo que está ocurriendo en Bolivia, un país literalmente en cola, con millones de personas esperando que llegue la gasolina y el diésel para poder trabajar, estudiar, producir y realizar sus tareas cotidianas. Se trata de un escenario que ya se anticipaba hace mucho, incluso por los propios masistas, que el año 2010 decretaron un gasolinazo, pues sabían que la política de subsidios era insostenible. Mucho mejor panorama de lo que sucede tiene Arce, que sabe exactamente el desastre que ha venido ocasionando desde que asumió como ministro de economía en el 2006 y se autoproclamó padre del modelo económico y autor del desbarajuste en que se ha convertido esta nación. Si fuera realmente un hombre con sentimientos, hace mucho hubiera reconocido su error y hubiese hecho algo para remediarlo, pero ni siquiera hoy, que estamos tocando fondo, se digna a incurrir en un mínimo de pragmatismo y, al contrario opta por continuar con las recetas que le dan sus asesores cubanos, que tienen casi 70 años engrosando la piel que los hace totalmente insensibles ante el sufrimiento del pueblo, por más que estén muriendo de hambre.