
El Real Madrid ha logrado llevarse el gato al agua ante el Atlético de Madrid gracias a un destello de Brahim en la segunda parte (2-1) y toma una ligera ventaja en la eliminatoria de Champions de octavos, que se resolverá en la vuelta dentro de ocho días en el Metropolitano.
Como si de un combate de boxeo se tratase, el empate técnico entre los dos ha sido más que evidente, ninguno que se quiso jugar el tipo al K.O. La igualdad ha sido máxima, la posesión, las ocasiones y hasta nivel táctico, solo el marcador ha marcado la diferencia de una noche en la que los dos equipos han corrido muy pocos riesgos.
Tres goles que han sido como tres soles. Solo dos destellos de los magos de la noche -Rodrygo, Julián Álvarez y Brahim- han puesto la magia a una contienda muy espartana, donde los artificios quedaron descartados desde que el balón echó a rodar sobre el tapete del Bernabéu.
Y eso que el luminoso solo tardó en abrirse cuatro minutos, en la primera ocasión de la que dispuso el Real Madrid. Valverde coló un balón perfecto a la espalda de Galán para la carrera de Rodrygo, que recogió el guante lanzado por el charrúa para entrar hacia el área y sacarse un chut perfecto al palo largo de Oblak.
Encontrada la llave que abría la puerta, los de Ancelotti tenían claro que la banda derecha era la mejor opción de hacer daño a los rojiblancos. Y lo lograron en los primeros compases, hasta que Simeone le dio un toque a los suyos para que achicasen aguas por el lado de Galán.
Poco a poco el Atlético empezó a tomarle el pulso a la noche, y el partido empezó a convertirse en una delicia en el aspecto táctico pero poco atractivo para los aficionados, aunque la intensidad y la importancia de lo que estaba en juego fue suficiente para evitar que entrase en el terreno de lo previsible.
Brahim desequilibra la balanza
Los rojiblancos estaban cómodos esperando atrás, pero empezaron también a estarlo con el balón en los pies. El empate llegó pasada la media hora, en otra obra de arte, esta vez a modo de réplica de Julián Álvarez. El argentino marcó la diferencia con un balón del que sacó oro, entrando casi desde la línea de fondo hacia el área hasta que encontró el hueco para colocar un tiro inalcanzable para Courtois, que a pesar de sus dos metros y su gran estirada, no llegó ni a rozar la bola.
El regreso del vestuario devolvió a un Atlético de Madrid mucho mejor plantado, queriendo tener la posesión y, sin duda, lo logró en la segunda parte hasta que llegó el mazazo blanco. Los rojiblancos lograron que el Madrid empezase a sufrir, que sin el balón solo podían ir detrás de sombras.
Fruto de esa paciencia y buen hacer, los hombres de Simeone elaboraron una gran jugada colectiva pasado el minuto 50 que acabó con un mal control de De Paul dentro del área. El argentino se llevaba las manos a la cabeza, sabía que ese mal control evitó el que pudo ser el tanto de la remontada.
Y de la ocasión rojiblanca al golazo de Brahim. El centrocampista "merengue" quiso cuasi plagiar la diana de la "araña" en la primera parte y de la nada, se sacó un baile dentro del área para romper la cadera a Giménez y econtrar un disparo colocado al palo largo de Oblak, que tampoco pudo hacer nada interponerse entre el esférico y el fondo de la red.