Editorial

Mutún, otro capítulo de la falsa industrialización

El espectáculo montado con la supuesta inauguración del Complejo Siderúrgico del Mutún es una nueva muestra de la política de oscuridad y falta de transparencia...

Editorial | | 2025-02-25 00:08:00

El espectáculo montado con la supuesta inauguración del Complejo Siderúrgico del Mutún es una nueva muestra de la política de oscuridad y falta de transparencia que ha caracterizado al MAS desde su llegada al poder. Una vez más, el régimen de Luis Arce intenta vender a los bolivianos un sueño de industrialización que, en la práctica, es solo un show político destinado a encubrir ineficiencia, corrupción y la entrega de nuestros recursos naturales a intereses extranjeros, en especial a empresas chinas.

La realidad es otra: la planta del Mutún no está en condiciones reales de operar, pues carece de elementos fundamentales para su funcionamiento, como el abastecimiento de agua. Estamos ante una fábrica que no puede producir, un cascarón vacío que sirve únicamente como vitrina para la propaganda oficialista. A pesar de las promesas del gobierno de reducir en un 50 por ciento las importaciones de acero, la planta ni siquiera podrá fundir hierro en el corto plazo. En su lugar, lo que realmente hará es procesar alambrón, que no es más que chatarra reciclada, lo cual dista mucho de la industria siderúrgica que nos prometieron.

El problema va mucho más allá de la inoperancia técnica. El MAS ha hecho de la entrega de los recursos naturales a intereses chinos un modus operandi constante. Este proyecto fue financiado por un crédito del Banco de Exportaciones e Importaciones de China (Eximbank), y la construcción quedó en manos de la empresa Sinosteel, que ahora reclama una deuda millonaria por su ejecución.

Esta iniciativa no responde a un verdadero proyecto de industrialización del país, sino que es una cortina de humo para distraer la atención de los problemas económicos y sociales que enfrenta Bolivia. Desde hace más de una década, la explotación de este gigantesco yacimiento de hierro ha sido manejada con improvisación y negociaciones opacas. El contrato inicial con la india Jindal Steel terminó en un escándalo y demandas internacionales. Luego, el MAS reconfiguró el proyecto para limitar su alcance, reduciendo a la décima parte lo que se había proyectado en 2005.

Las críticas de dirigentes cívicos, técnicos y analistas mineros son claras: el Mutún no generará un impacto económico significativo. Su limitada producción solo permitirá un ahorro en importaciones, pero no traerá nuevas divisas a la economía boliviana, algo que el país necesita urgentemente en el contexto de crisis y devaluación del boliviano. Además, existe el riesgo de que el gobierno tenga que subvencionar la producción de acero, aumentando la presión sobre las arcas estatales.

Otro aspecto que el MAS ha manejado con total hermetismo es el impacto ambiental del proyecto. No se ha esclarecido cómo se garantizará el abastecimiento de agua, un recurso esencial para el proceso siderúrgico, ni se han transparentado los estudios de impacto ambiental. Se han denunciado fallas en el acueducto construido para proveer de agua a la planta, lo que podría comprometer su operatividad real en los próximos meses.

Su limitada producción solo permitirá un ahorro en importaciones, pero no traerá nuevas divisas a la economía boliviana, algo que el país necesita urgentemente en el contexto de crisis y devaluación del boliviano. Además, existe el riesgo de que el gobierno tenga que subvencionar la producción de acero, aumentando la presión sobre las arcas estatales.