El ministro de gobierno, Eduardo Del Castillo, tendrá que hacer grandes esfuerzos para que le crean sobre el asesinato del capitán de policía José Carlos Aldunate, quien vivía en una casa que un sueldo correspondiente a su rango jamás podría pagar. El oficial, un estrecho colaborador de Johnny Aguilera, el segundo al mando del ministerio que ocupa Del Castillo, recibió 15 tiros, un crimen que no cometería un delincuente común, sino alguien perteneciente a algún cartel de las drogas, cuya identidad es perfectamente conocida por la víctima y su entorno y que quiere mandar un mensaje muy claro y contundente. El ministro en cuestión asegura que su gestión ha sido la mejor en la lucha contra las drogas y puede argumentar que el asesinato es una reacción de los narcos para frenar la arremetida, algo que no haría ni el mafioso más torpe, pues se arriesgaría a desatar una guerra con la policía, algo que no va a suceder, como no sucedió cuando mataron a tres uniformados en la zona del Urubó en 2022. Convencer sobre este episodio no será fácil, sobre todo, porque la muerte de Aldunate ocurrió justo el mismo día en que fueron acribillados tres narcos en una estancia de la provincia Velasco. Las coincidencias no existen