Muchos están decepcionados por la reciente movida del gobierno de Donald Trump, quien envió a un alto funcionario de su administración a reunirse con el dictador y usurpador, Nicolás Maduro, lo que supondría un reconocimiento implícito de su mandato, pese a que en reiteradas ocasiones la Casa Blanca ha sostenido que Edmundo González Ururria es el presidente legítimo de Venezuela. El enviado, Richard Grenell, consiguió la inmediata liberación de seis rehenes norteamericanos que estaban detenidos ilegalmente en Caracas, lo que ha dejado al régimen de Maduro en calidad de mero secuestrador. Otro de los logros ha sido el compromiso del régimen chavista de recibir a miles de deportados, especialmente integrantes de la banda criminal Tren de Aragua, lo que también confirma que Maduro ha usado a ese grupo mafioso como arma de penetración y para comprometer la seguridad de Estados Unidos. Trump ha prometido que no comprará más petróleo venezolano, asunto que no se negoció en el encuentro y que se convierte en un arma para debilitar a la dictadura. Por lo visto, el nuevo presidente norteamericano ha empezado por lo urgente y le ha ido bien. La comunidad internacional espera que luego pase a lo importante y que consiste en sacar a Maduro del poder. Así nadie acaba por decepcionarse.