Editorial

“Impresionante”

Resulta paradójico que las reformas exitosas implementadas por el presidente argentino Javier Milei, calificadas por la directora del FMI, Kristalina Georgieva...

Editorial | | 2025-01-15 00:10:00

Resulta paradójico que las reformas exitosas implementadas por el presidente argentino Javier Milei, calificadas por la directora del FMI, Kristalina Georgieva como “el caso más impresionante de la historia reciente”, sean rechazadas o ignoradas por gran parte de los líderes políticos internacionales que supuestamente defienden la libertad y la democracia.

Mientras tanto, modelos intervencionistas y populistas, que han demostrado repetidamente su ineficacia, continúan siendo adoptados o incluso emulados, tanto en América Latina como en regiones tradicionalmente vistas como bastiones de innovación, como Europa.

En su primer año de gestión, Milei ha logrado avances significativos en un país que durante décadas ha sido sinónimo de crisis económica crónica. Sin embargo, estas políticas, diseñadas para devolver el poder adquisitivo a los ciudadanos y reducir drásticamente la pobreza en el mediano plazo, no han recibido el reconocimiento ni la imitación que cabría esperar. En contraste, modelos que perpetúan la dependencia estatal continúan gozando de aceptación en círculos políticos, académicos e intelectuales. ¿Por qué?

Las reformas liberales tienden a requerir ajustes iniciales que, aunque necesarios para estabilizar la economía, pueden ser impopulares en el corto plazo. Reducir subsidios, eliminar el control cambiario o recortar el gasto estatal son medidas que afectan intereses establecidos y generan tensión social y los líderes políticos temen incomodar a sus bases electorales.

El populismo ofrece respuestas simples a problemas complejos. Culpar al mercado, al capital extranjero o a los organismos internacionales desvía la atención de las fallas estructurales de las economías intervenidas. Las reformas de Milei, que desafían estas narrativas requieren un esfuerzo pedagógico para explicar su beneficio a largo plazo, algo que muchos líderes no están dispuestos a hacer.

El estado grande no es solo una filosofía política; es una fuente de poder. Los sectores beneficiados por subsidios, protecciones y empleos públicos masivos se convierten en bloques de poder que frenan cualquier intento de reforma. Emular a Milei implicaría enfrentarse a estas estructuras, un gran riesgo para los políticos tradicionales que siempre han lucrado con el estado.

Más allá de las razones políticas, también existe un problema cultural. La idea de la libertad individual y la meritocracia ha sido erosionada por la creencia de que el estado debe ser el proveedor universal. Esto se traduce en una desconfianza hacia modelos que reducen la intervención estatal y promueven la responsabilidad individual.

En Europa, donde el estado de bienestar es un pilar fundamental, las reformas que proponen un estado más limitado suelen verse como una amenaza a la seguridad social, incluso cuando los datos muestran que los modelos intervencionistas están llegando a sus límites. En lugar de mirar hacia el modelo argentino de Milei, muchos líderes prefieren soluciones que perpetúan el gasto público excesivo.

No podemos seguir celebrando modelos que perpetúan la pobreza y rechazando aquellos que ofrecen una vía hacia la prosperidad. Si el ejemplo de Milei puede enseñarnos algo, es que el camino hacia la grandeza no es fácil, pero es posible. Los defensores de la libertad económica y política necesitan trabajar para combatir las narrativas simplistas y promover una cultura que valore la responsabilidad individual, el esfuerzo y la libertad.