
El francés Léon Marchand es no ya el rey sino el emperador de la natación olímpica en París tras cerrar un fabuloso póker de oros individuales al conquistar, con su solvencia habitual, el último desafío que le quedaba, el 200 estilos masculino.
El nadador de Toulouse nunca defrauda, no se reserva nada, lo da todo. Salió no a ganar sino a pulverizar a sus rivales. Y tardó muy poco en dejar claro que en París manda él y nadie más. Segundo en la posta de mariposa, tomó el liderato en la espalda, lo consolidó en la braza y lo remató en el libre. Y su tiempo rozó el récord del mundo del estadounidense Ryan Lochte (1’54”00), quedándose a sólo seis centésimas (1’54”06). El resto sólo pudo aplaudir y pelear por una plata que finalmente se adjudicó, muy lejos, el británico Duncan Scott (1’55”31), por delante del chino Wang (1’56”00).
Marchand literalmente pone en pie la imponente piscina de La Dèfense Area. Cuando llega el momento de sus pruebas, incluso antes de que salga de la cabina de presentación, toda la grada al unísono prorrumpe en un ensordecedor “Lé-on, Lé-on!!!” que alcanza el paroxismo cuando aparece, embutido en el anorak y con gesto concentrado. Durante la prueba el público ruge enloquecido; incluso cuando nada braza acompasa sus gritos para que Marchand los escuche cuando emerge para respirar. Es una bendita locura. Y cuando sube al podio, todo el mundo sin excepción entona La Marsellesa dejándose el alma en cada nota hasta poner la piel de gallina.
Para darse cuenta del verdadero significado de lo que ha hecho Marchand basta con echar un vistazo a la historia: sólo otros tres nadadores en más de un siglo han sido capaces de ganar cuatro oros en pruebas individuales en los mismos JJ.OO. El primero fue el estadounidense Mark Spitz en Múnich’72. En Seúl’88 fue una de las ‘walkirias’ de la Alemania del Este, Kristin Otto, quien lo consiguió. Y Michael Phelps edificó su leyenda de deportista olímpico más grande de todos los tiempos al firmar esta hazaña dos veces: cuatro oros individuales en Atenas’2004 y cinco en Pekín’08.
De hecho, sólo Phelps reisste la comparación con Marchand. Spitz hizo cuatro oros ‘asequibles’, en pruebas rápidas: 100 y 200 libre, 100 y 200 mariposa. Otto también -50 y 100 libre, 100 mariposa, 100 espalda- y además, como todas las deportistas de su procedencia y época, está marcada por la sospecha de un dopaje de estado sistemático. Firmar cuatro oros en las dos pruebas más exigentes de la natación, 200 y 400 estilos, y en dos estilos tan distintos como mariposa y braza es otro nivel, algo monumental. Seguro que no es casual que Phelps y Marchand tengan un evidente nexo común, el gurú Bob Bowman, responsable de los éxitos de ambos.