Los árboles de mi tierra
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Opinión
El tacú de papel
Los árboles de mi tierra
Miércoles,  14  de Diciembre, 2011

Los cruceños nostálgicos citan a Gladys Moreno como la voz oriental que más ha cantado a los árboles del oriente boliviano en letras donde trasunta el amor al terruño y la grandeza de la naturaleza. En las canciones bailan las palmeras en notas musicales, se abrazan armoniosamente y para siempre el bibosi y el motacú, mientras bajo la sombra de los inmensos cupesíes y los gigantescos motoyoé se arma el burí camba, donde vuelan los sombreros de saó y las mujeres brillan con el encanto de su tipoi. Con las palmeras voy a vivir, con las palmeras voy a morir, viaja el canto de los árboles hacia su misterio ancestral, donde cada uno tiene su nombre ligado a leyendas dignas de contarse

De pronto, acude a mi memoria la leyenda del conquistador Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas -en los relatos del escritor Joaquín Aguirre Lavayén en su libro “Más allá del horizonte”- que busca la ciudad de oro perdida en la inmensidad de la Amazonia. Resulta muy gráfica la muerte del aguerrido español, que en su agonía deliraba abrazado a un árbol con forma de mujer, mientras pronunciaba el nombre de “Balú”, la amazona de ojos verdes que perdonó su vida a orillas del río. Balú, repetía como un eco, y en su inmensa soledad lo acompañaban los árboles que no conocía y a los cuales se abrazaba como un poseso. Quizás un toborochi se compadeció de su alma.

Dicen también que un árbol inmenso cobijó a la Virgen Morena de Cotoca hasta que le hicieron una Iglesia. Los que saben señalan al hermoso tajibo como un árbol milagroso cuya corteza cura muchas dolencias. Una cuestión de sabiduría popular que se está perdiendo por gracia y obra del mundo moderno. ¿Acaso debemos olvidar a la Virreina del Perú que curó de sus fiebres palúdicas con la corteza del árbol de la quina, que se reveló como poderoso antipalúdico gracias al saber del médico indígena? ¿Qué me dicen de las propiedades antisépticas del Espino Blanco? ¿O de las bondades del árbol de las flores como dedos –la digital- cuyos extractos curan enfermedades del corazón.

Los ejemplos abundan. El fruto del Noni, cuyas propiedades curativas son todavía conocimientos sin explotar. Incluso la Stevia, cuyas hojas dulzonas son el azúcar de pueblos guaraníes y que se han revelado como aptas para el uso de los diabéticos. Los árboles son guarida de hermosas especies de aves, que se relacionan con leyendas antiguas, como la leyenda del guajojó. O la historia del sufrido padre que busca a su hija en el bosque, hasta morir y convertirse en el árbol camba nambí, o timbo, pacará, más conocido como oreja de negro, porque su oreja estaba pegada a la tierra oyendo las pisadas de la hija que volvía. Dramática y hermosa la historia del bibosi y el motacú.

Cuentan que dos jóvenes amantes que el destino quiso separar, decidieron citarse por última vez en el bosque y su abrazo se convirtió en eternidad. En el lugar de la cita encontraron dos árboles abrazados: un dulce y delgado bibosi como la delgada muchacha amante, enroscada en su fuerte motacú, como el joven que la amaba. Hablo de árboles de mi tierra, porque veo muchos pinos como árboles elegidos para la navidad. Es verdad que el pino representa la trinidad, pero prefiero la belleza y porte de los tajibos cuyas flores de distintos colores besan la tierra fértil y alegran la vista y el corazón.Prefiero los gallitos y el ocoró, y también las flores del árbol lluvia de fuego, cuyo nombre camba os invito a descubrir, tal como  decía mi amigo Aquiles Gómez Coca.
 

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Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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