La paradoja de Leontief
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Opinión
La paradoja de Leontief
el tac? de papel
Domingo,  13 de Septiembre, 2009

Fernando Luis Arancibia U.: Aunque usted no lo crea, está de moda hablar sobre el capital y el capitalismo. Los titulares de prensa resaltan las peripecias del sistema y los políticos se llenan la boca con este tema. Algunos hablan sobre el fin de la economía, la muerte súbita anunciada desde el “lunes negro” de Wall Street hace casi un siglo. Otros proclaman la inmortalidad del modo de vida que surge desde la toma de La Bastilla en Francia en 1789, cuando bajo el lema “dejar hacer”, “dejar pasar” se pasa del obsoleto feudalismo al floreciente capitalismo. Con la reciente crisis financiera mundial, que sacudió al planeta globalizado por el capital, muchos que creen saber de economía hacen (deshacen) fórmulas anticrisis, sin saber de qué hablan.
Queda claro que la libre expresión a la que tenemos derecho los seres humanos permite estas licencias. Pero resulta penoso escuchar y leer tantos desaciertos conceptuales y filosóficos sobre el capital y el capitalismo, aunque en descargo de los simples mortales también los entendidos se suelen dar de papirotazos. Le ha ocurrido en 1953 al economista Wassily Leontief, que se hizo famoso por La Paradoja de Leontief, cuando quiso explicar las exportaciones y exportaciones de los productos de Estados Unidos y su relación con el capital y el trabajo. No está demás decir que él mismo tuvo que apresurarse a reparar la tal paradoja, aunque recurriendo al viejo Karl Marx y a sus áridos pero precisos conceptos.
La paradoja fue formulada al investigar el teorema de Heckscher-Ohlin, según el cual en las exportaciones de los países desarrollados predominan los bienes intensivos en capital. En cambio, los países menos desarrollados exportan bienes intensivos en mano de obra.  Leontief observó que las exportaciones de Estados Unidos son más intensivas en fuerza de trabajo que en capital. Esto suponía un mejor aprovechamiento de la disponibilidad de profesionales, como científicos e ingenieros, y de técnicos, es decir mano de obra cualificada. La paradójica conclusión de Leontief es que Estados Unidos exporta en realidad bienes intensivos en mano de obra e importa bienes intensivos en capital.
Esta Paradoja de Leontief sacudió al mundo económico. Y Wassily, para sobreponerse a su sorpresa y tranquilizar las conciencias sobre la única teoría aceptada en las principales academias del mundo, revivió la vieja reducción de trabajo complejo a simple que Karl Marx planteara en el primer título de su portentosa obra El Capital. De acuerdo a esto, un trabajador dos veces más productivo que otro aportaría, todo lo demás igual, el doble de unidades laborales; así, Estados Unidos era uno de los países con mayor abundancia de fuerza de trabajo en términos relativos y la teoría recuperaba el orden esperado. Wassily Leontief se encargaba de disipar por sí mismo la sospecha de una paradoja teórica.
Los economistas suelen recurrir a los teóricos de la modernidad para exponer sus ideas sobre el sistema, pero terminan cayendo en la trama tupida y profunda de la teoría de Karl Marx economista alemán que murió en la pobreza, cuando la historia lo señala como el hombre que más sabía sobre el capital y sus misterios. Recientemente se habla mucho sobre la competitividad de los países, pero olvidan que el sistema condena a unos y premia a pocos. Aun así, la competitividad se basa en el uso de la ciencia, educación y tecnología por parte de los países. Ahí es donde los gobiernos tropiezan con la Paradoja de Leontief.

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