Valor de las etimologías
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Opinión
¿Es o no es verdad?
Valor de las etimologías
Lunes,  26  de Noviembre, 2012

E l diccionario de la Real Academia Española define con exactitud el valor y sentido de la voz “etimología: es la especialidad lingüística que se ocupa del origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma”. El cincel académico ha dejado talladas, en breves líneas, las funciones precisas, de suma importancia y utilidad, que corresponden a esa noble rama de la actividad literaria.

Un ejemplo notable de las ventajas que ofrece un diccionario etimológico lo tenemos en el conocido diccionario de Juan Corominas, editado por Gredos, en varios o en un solo volumen, a los que debe acudir con frecuencia toda persona que trabaje en el campo literario: escritores, periodistas, profesores o, en la vida profesional: abogados, funcionarios, etc.; pero, más allá de la utilidad práctica del uso de ese libro, tendrá el valor del disfrute intelectual de conocer la raíz y la procedencia de las palabras, en su formación y significado.

Todos sabemos que del latín derivan el español, el francés, el italiano, el portugués, el rumano, el catalán, el gallego, formando una familia lingüística en que la gran mayoría de las palabras que conforman los respectivos idiomas de cada país proceden de la lengua que se hablaba en el Imperio Romano, siendo su origen territorial la región del Lacio, en el centro de la península itálica. Pero no siempre es conocido el dato de que un 35% de las palabras del idioma inglés proceden del latín y, en apreciable porcentaje, sucede también tal caso en el alemán.

Quienes poseemos el idioma de Castilla -el castellano- como lengua nativa no siempre advertimos cuán cerca del oído tenemos la percepción de las palabras que usamos. Pongamos como ejemplo dos palabras de uso corriente: alarma y ventana. Está claro el sentido propio de ambas voces: temor, en la primera, espacio que defiende del viento, en la segunda. Penetrando más hondo en el origen de dichas palabras se percibe que en la raíz de la primera está la voz que llama a tomar las armas ante el peligro o la presencia del enemigo. En el segundo caso, es fácil reconocer que la palabra “ventana” viene de “viento”, como sucede también en la lengua inglesa, donde “window” viene de “wind”, viento.

En la otra vertiente de nuestra lengua está el árabe. Nadie ignora que forman una gran cantidad las palabras que empiezan con “al” y que son de indudable procedencia arábiga: almacén, alcancía, almohada, alcantarillado, alcachofa, etc., etc.

Pero el latín predomina sobre todos los otros orígenes. En seguida viene el griego (sobre todo en la medicina, en la ciencia, en la farmacopea, etc.), después el germano, (guerra), y, por supuesto, también los términos de origen americano, sobre todo en el caso del quechua (papa, cancha, guagua, pampa, p. ej.).

De todo ello nos informa el libro de Corominas, el ilustre profesor de Chicago, catalán, fallecido en España hace algunos años, tras una larga permanencia en los Estados Unidos.

Si de los casos más conocidos y fáciles de reconocer pasamos a otros que no son advertidos por la generalidad de los lectores, nos encontramos con términos del idioma que llevan en sí, semiocultos, los signos de su procedencia latina o griega. Dos ejemplos resultarán ilustrativos a este respecto. La palabra “investigar”, de tanto uso en los medios científicos, viene del sustantivo latino “vestigium”, huella, como lo recordaba Pedro Laín Entralgo, años atrás. Investigar significa no otra cosa que seguir las huellas de otros, rastrear en el pasado, indagar en las fuentes. Otro ejemplo sirve para completar el sentido de una palabra de gran importancia en los orígenes del cristianismo y es la palabra “mártir” que, en su sentido original y profundo significa “testigo”; en efecto, los cristianos que dieron en la Roma antigua su vida por su fe fueron, con su muerte, testigos de la divinidad de Cristo.

Como se ve, el valor de la obra de Corominas y de cuantos trabajan en la dirección marcada por ese sabio profesor español, consiste en haber logrado recrear y realzar el significado de las palabras.

*Jorge Siles Salinas - Miembro de las Academias Bolivianas de la Historia y de la Lengua, correspondientes de las Reales Academias Españolas.

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Jorge Siles Salinas
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