El destino parece encapricharse en tener a los indígenas en un andar constante por el país. Hoy, aquella famosa columna que conmovió a la gente de todas las ciudades se empieza a divisar de nuevo desde todos los rincones. Su determinación parece más férrea que el sol, el frío, la lluvia y hasta el hambre que los acompañan en su caminata.