El referéndum de 1931 y las autonomías regionales
Siguenos en:
Viernes
 25 de Julio de 2014
Opinión
Miradas
El referéndum de 1931 y las autonomías regionales
Martes,  12 de Marzo, 2013

El debate en torno a las autonomías regionales nos lleva a recordar una interesante consulta popular que se llevó a cabo en Bolivia y que está ahora casi totalmente olvidada. El plebiscito aprobado por el pueblo boliviano el 11 de enero de 1931 ─ todavía mediante el voto censitario ─ constaba de nueve preguntas, todas ellas de gran relevancia político-institucional. Mediante la aprobación del plebiscito por una amplia mayoría se decidió construir un sistema de garantías constitucionales contra transgresiones emanadas de los órganos estatales (derecho de hábeas corpus, por ejemplo); establecer autonomías departamentales con atribuciones muy importantes; expandir las atribuciones del congreso; instaurar la no reelección presidencial; crear la Contraloría General e implantar la autonomía universitaria y la del Banco Central. Los últimos puntos fueron hechos realidad al poco tiempo. Paulatinamente se implementaron las otras medidas, algunas en la nueva constitución promulgada en 1938, con  excepción de las autonomías departamentales.

Este plebiscito boliviano de 1931, desconocido en el propio país y el contexto latinoamericano, merece nuestra estima y el reconocimiento histórico por varias razones. Fue el primero realizado en Bolivia y uno de los más tempranos en toda América Latina. Fue llevado a cabo en excelentes condiciones técnicas. Los costos que demandó al Estado fueron bajísimos. No hubo que lamentar prácticamente ninguna irregularidad y no fue elevada ninguna denuncia de fraude. Muchos de los temas de las nueve preguntas fueron para su época muy originales y pioneros en el contexto latinoamericano.

En cuanto a las autonomías departamentales se puede señalar lo siguiente: lo aprobado en el plebiscito establecía que el presidente de la república nombraría al prefecto de una lista presentada por la asamblea departamental. La administración departamental quedaría en manos del prefecto y de la mencionada asamblea. La autonomía de gestión estaba diseñada para ser muy amplia en cuestiones administrativas y tributarias (incluyendo la contratación de empréstitos, la policía, la educación y la construcción de caminos y obras públicas). Las competencias del gobierno central se concentrarían en los "intereses nacionales", las cuestiones militares y la seguridad interna del país. El parlamento dictó una ley de descentralización administrativa siguiendo los lineamientos del referéndum, pero no llegó a aprobarse por el veto del entonces presidente Daniel Salamanca a fines de 1931. Pese al veto presidencial en este punto específico, se puede aseverar que esta consulta popular tuvo un efecto positivo y tangible sobre el ordenamiento del país.
Precisamente en torno a las autonomías regionales son imprescindibles algunos comentarios. Como ya lo señaló el distinguido constitucionalista cruceño Juan Carlos Urenda Díaz en su brillante obra "Autonomías departamentales. La alternativa al centralismo boliviano" (publicada por primera vez en 1987 y reeditada posteriormente con suplementos), la estructura político-administrativa boliviana y su evolución histórica predisponen a un régimen de autonomías limitadas. El modelo jacobino aplicado en Francia, Perú, Uruguay y en muchos otros países creó numerosos distritos administrativos de tamaño reducido, sin tradiciones históricas propias y sin anhelos de autonomía, fácilmente manejables desde el gobierno central. En cambio los (pocos) departamentos bolivianos representan más o menos las antiguas intendencias de la época colonial (con aditamentos en los márgenes), exhiben una fuerte identidad propia y poseen una historia y unas tradiciones diferenciables unas de otras. Como dice Urenda, aquí se da una base casi natural de autonomías moderadas. Si se hubiera procedido a tiempo y con sentido común, Bolivia gozaría de un régimen de autonomías departamentales dentro de la unidad nacional, y nos habríamos ahorrado varios de los problemas más candentes de la actualidad. Además, como asevera Urenda, se pueden aplicar varios modelos que aquí en el país ni siquiera se los discute, como las autonomías asimétricas (distintos grados de competencias y atribuciones para los gobiernos y las asambleas regionales, de acuerdo también a sus diferentes demandas históricas, como es el caso español). Lo que predominó en Bolivia fue una estrecha visión municipalista, que mediante la Ley de Participación Popular traspasó atribuciones y, sobre todo, dinero a organismos y a élites locales que no estaban preparadas para ello. Así aumentaron exponencialmente los conocidos fenómenos de corrupción y mala administración.

Previsiblemente tardaremos un siglo en retornar al nivel del diseño legal alcanzado en 1931: alrededor del año 2030 nuestro órgano parlamentario volverá a debatir estas cuestiones siguiendo los lineamientos que se desprendieron del primer referéndum de la historia boliviana. Así nomás es el país.

*Filósofo y escritor

Acerca del autor:
H.-C.--F.-Mansilla-
H. C. F. Mansilla
compartir Compartelo en tu muro con tus amigos
©2009-2010 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 ”El Remanso” - Telf. Piloto: 3434040  Fax Comercial y Publicidad. 3434781 - Fax Redacción 3434041 - email: eldia@edadsa.com.bo  |  Acerca de El Día  |  El Sol